Todos en la vida pasamos por momentos malos, buenos.Tal vez dos momentos con sentimientos distintos al mismo tiempo, como algo hermoso y horrendo al mismo tiempo. Suena raro, pero créanme que es verdad. Muchas veces nos pegamos a las cosas que pensamos que nos hacen bien por un instante, pero en ese instante que nos sentimos bien al mismo tiempo nos sentimos destrozados. Me pasó algo muy similar.
Mi personalidad es demasiado honesta. Confío demasiado en la gente y les tomo rápidamente afecto. Gran error…
Suelo poner mucho esmero en las personas que confío y quiero, es decir, en casi todos los que conozco. Siempre estoy para darles una mano, un abrazo, un hombro, una ayuda, lo que sea. Me considero buen consejero, interesada por el bienestar de toda persona, excepto aquellos con los que no tengo ese cariño.
Siempre va a haber gente de todo tipo. Gente buena, gente mala. Personas confiables, honestas. Otras llenas de maldades, mentirosas.
Creo que se puede clasificar al mundo en estos dos grupos, pero también creo que en cada uno esta el lado oscuro y el lado claro.
“Nadie es perfecto”, es verdad. No hay humano perfecto. Todos alguna vez cometemos errores, a veces sin darnos cuenta, otras a propósito. Todos hacemos el bien, el mal alguna vez. Y eso es lo que nos hace crecer muchas veces, como otras tantas no.
La gente comete errores a cada segundo. En todo vínculo de amor, amistad, familia o lo que sea siempre va a haber alguien herido. ¿Por qué? Porque somos seres humanos, imperfectos. Hechos para equivocarnos, para aprender de nuestros errores. Pero ahí hay otro problema…muchas personas no aprenden. Pueden cometer el mismo error mil veces y siguen siendo iguales. Ojo, muchas aprenden, pero a la larga. Otras saben madurar rápido, saben reconocer los errores y arreglarlos. Pero, ¿qué pasa con las que no? ¿Qué pasa con los que nunca reconocen nada? ¿Con los que siempre niegan todo? ¿Con los que nunca aprenden?
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